El origen
En 2016, un pequeño local en el barrio de Las Letras se convirtió en el primer espacio dune-gazelle. Lo que empezó como un taller de cerámica para amigos pronto creció hasta convertirse en algo más grande.
La idea era sencilla: crear un lugar donde cualquier persona pudiera descubrir el placer de trabajar con las manos, sin importar su experiencia previa. Un espacio sin pretensiones donde el proceso importa más que el resultado.